Valor y Precio

El por qué

El submarinismo siempre ha sido importante para mí.

No recuerdo haber querido ser otra cosa que buceador. De niño me gustaban los bichos, patinar y hacer el pino, pero sobre todo me encantaba hacer ida y vuelta buceando los 6,80 que tenía nuestra piscina de Peña del Sol,5.

Hacía la paloma, la rondada flip flap, la quinta y otras habilidades de saltimbanqui aprovechando, eso sí, la inclinación del pedacito de césped que había delante de la casa. Lo hacía bien, pero nunca quise ser gimnasta. Prefería la piscina, me tiraba de cabeza y llegaba al otro lado sin abrir los ojos, volteaba y me impulsaba fuerte para bucear otro largo sin moverme, aunque siempre tenía que bracear una o dos veces para llegar.

Tardé varios veranos en hacer un tercer largo. Me daba miedo, pero a la vez lo deseaba enormemente.

Cuando crecí un poco -bueno, nunca crecí mucho la verdad- conseguí el tercer, el cuarto, el quinto y hasta el sexto largo sin respirar!

¡Qué orgulloso me sentía! Ya era un buceador!

Para entonces llevaba tiempo enganchado al Hombre y La Tierra y al Mundo Submarino de Jacques Cousteau. Ahora sí que no tenía escapatoria: Félix y los tripulantes del Calypso me llenaron la sesera de aventuras y de animales fantásticos como a Don Quijote los libros de caballería.

Como la historia es muy larga y ahora empiezo a acordarme de mis Aldonzas y mis Molinos prefiero parar aquí, que no está bien hablar tan largo de uno mismo. Es mejor resumir diciendo que actualmente dirijo una escuela de buceo y biología marina que lleva más de tres décadas abierta.

…Y así llego por fin al asunto que me trajo hasta este párrafo, y que no es otro que explicarles por qué creo que el submarinismo es una noble ocupación y la necesidad que tengo de decirlo alto y fuerte.

La industria del buceo

La industria del buceo en España ha pasado en estos 30 años por varias etapas: En los noventa era casi una extravagancia hacer un curso de buceo. En los dos mil casi todo el mundo quería hacerse buceador, lo que llevó a partir del 2010, a la aparición de los dañinos fenómenos low cost que degradaron la imagen de nuestra profesión. Ahora, en estos años veinte perduran aún algunas prácticas bajistas de precio y de calidad, incluso en lo referente a la formación de instructores, lo que obliga a seguir luchando por elevar la percepción que tiene la sociedad de esta industria y en dar prestigio y reconocimiento a este noble oficio.

Enseñar a bucear

Enseñar a bucear es un arte. Bueno, quizás esa palabra le quede un poco grande, pero me gusta pensarlo así… para ser un buen instructor de submarinismo hacen falta cualidades muy diversas. Hay que comunicarse con sencillez y con claridad, hay que estar atento a las necesidades del otro, tener empatía, hay que ser humilde y estar dispuesto a aprender de todo el mundo. Hay también que disfrutar con la enseñanza, tener amor por la naturaleza, por el conocimiento y por la cultura y desear abrir puertas y ventanas en las mentes de las personas. Además, hay que ser un experto conocedor de los sistemas de enseñanza y ser muy escrupuloso con la aplicación de las normas y de los estándares que regulan el aprendizaje del buceo.

En cuanto a las instalaciones, las infraestructuras y los equipamientos necesarios para aprender a bucear también son muy particulares y, dado que se trata de una actividad que entraña riesgos, se necesita también contar con seguros de responsabilidad civil y de coberturas legales. Se requiere, por tanto, muchos recursos, dedicación y mucha profesionalidad.

Todos estos atributos hacen de la enseñanza del submarinismo una actividad difícil de hacer bien.

No hay oficio más bonito

Sin embargo, no hay oficio más bonito.

Bucear te permite ser un explorador, un descubridor, un científico, un sabio, un deportista, un pionero, un artista, un bailarín, un niño… y enseñar te permite ser un maestro, un héroe, un compañero, un ejemplo, un líder, un guía, un aprendiz, un protector, un amigo. ¿Qué más se puede pedir a la vida, querido Sancho?

Pues eso, una gran vida, una profesión de valientes caballeros y, por supuesto, de valientes damas andantes.

No me queda más que contarles, ya lo he dicho: el submarinismo es la más noble ocupación y dedicarse a ella te hace sentir importante.

Aunque… un momento,  quizás sí me queda algo por decir, y es hacerles reflexionar que, cuando contraten su curso de buceo, no confundan el valor y el precio.

JuanPablo Camblor

ZOEA, Difusión e Investigación del Medio Marino